En una ciudad como Madrid somos muchos los que nos pasamos una hora y pico dirección al trabajo y otra hora y pico destino a nuestro "sweet home" particular de lunes a viernes, eso teniendo en cuenta que gran parte de nosotros tenemos la suerte de no trabajar los sábados y los domingos…
Es verdad que de un tiempo a esta parte todos los destinos están mejor comunicados, pero aún así los trayectos se nos siguen haciendo ETERNOS.
Por eso no resulta difícil observar que cada uno tiende a pasar el tiempo destinado al transporte en actividades más lúdicas para aprovechar el tiempo y, todos los que cogéis el metro a diario en Madrid estaréis de acuerdo conmigo en que partiendo de la visualización es posible hacer un estudio de psicología barata acerca de quien comparte nuestro espacio en el vagón. Es decir, “dime que haces en el metro y te diré a dónde vas”.
De esta manera yo distingo a los viajeros de la siguiente manera:
- Los que leen un libro. Está claro, no les queda más remedio que ir a trabajar, de lo contrario leerían en su casa o no leerían nunca (esa soy yo, por ejemplo). La distancia es larga y, como suele pasar que coincidimos día si y día también con los mismos compañeros de viaje, ves que tipo de lectura les gusta más, o si por el contrario hay otros que le resultan más pesados, sesudos o difíciles de terminar.
- Los que llevan un libro gordo (aproximadamente seiscientas páginas) y de pasta dura. En este caso el trayecto es largo si se presenta una técnica especial consistente en un logro total del equilibrio en el que se sujeta con una mano el mencionado texto y con un movimiento rápido y certero la mano que acaba de soltarse de la barra consigue pasar página y volver a colocarse sin apenas resultar visible. Eso si, el brazo en el que descansa el libro tenderá con los años a estar más desarrollado que el otro.
Pero cabe otra posibilidad dentro de “Los que llevan un libro gordo”: que sea la primera vez que realicen el trayecto sin haber incluso probado con un ejemplar de bolsillo tipo “best seller”, en ese caso no volverás a verlos de esta guisa, ellos no repetirán experiencia, ya que esta actividad requiere de años de experiencia y el hormigueo constante que paralizará su brazo durante todo el día les hará coger el periódico gratuito al día siguiente dejando en casa el volumen de “Los Pilares de la Tierra” que un día le trajeron los Reyes Magos y que tenía olvidado desde hacía años en una de las estanterías de casa.
- Los lectores del periódico gratuito que te reparten a la entrada al metro. Los lectores de este ejemplar son típicos desde la recogida del mismo, los hay de todo tipo pero a mi los que más gracia me hacen son los que son capaces de levantarse antes por si se acaban, ya que cuando se acercan a la boca del suburbano pueden llegar a morder si te adelantas a coger el que ellos creen que está destinado exclusivamente para su propio uso y disfrute. Una vez apostados en el andén observamos que portan 2 y 3 ejemplares y después de observar someramente los titulares vuelven a cerrarlos, yo creo, que para volver a abrirlos en su hora libre de descanso laboral para poder así compensar su falta de habilidad social.
- Los lectores de prensa comprada en el kiosco más cercano al metro. Ellos son los más incómodos, no están acostumbrados a viajar en metro, viajan ocasionalmente porque se les ha estropeado el coche (de lo contrario sabrían que un poco más adelante regalan prensa) y digo que son incómodos ya que debido a su falta de experiencia abren el periódico como si estuviesen en su despacho reduciendo el espacio vital de todo el vagón ante las miradas atónitas de sus acompañantes, aunque esto viene bien para otros lectores que aún teniendo su libro se dedican a mirar de reojo unos, otros descaradamente, las noticias deportivas y de actualidad.
- Los lectores de los fragmentos de libro pegados en las paredes del vagón para fomentar la lectura por el metro de Madrid. Ellos se han olvidado el libro de bolsillo en casa y releerán una y otra vez las mismas cinco frases durante las 12 estaciones que les esperan.
- Los amantes de la música con mp3. Ellos son tanto estudiantes como trabajadores, que intentan abstraerse del mundanal ruido. Los románticos poco amantes de la lectura. Bueno, también se han conocido casos en los que prefieren leer en casa o incluso los que leen y escuchan música, en este caso estamos ante un viajero híbrido, personas de un coeficiente intelectual alto, que suelen ostentar cargos de responsabilidad avanzada en cada una de las empresas en las que trabajan, aunque no lo suficiente como para haber encontrado la formula para dejar de madrugar todas las mañanas…
- Los escuchadores de música sin auriculares que proyectan los sonidos de su reproductor (mayoritariamente móviles) a través de los altavoces directamente esperando a que el vagón ¿bote? ¿a las 7:30h de la mañana? ¿con la bazofia de sonidos que salen de sus reproductores? Ellos tienen suerte, nos caen extremadamente mal, ¿por qué? Porque ellos no van a trabajar, ni a la universidad, no, ellos ni siquiera se han acostado… porque nadie en su sano juicio tiene tan buen humor a esas horas de la mañana.
- Los "hacedores" de test para poder sacarse cuanto antes el teórico del Carnet de conducir. Está claro, no aguantan más, están desencantados a pesar de todos los esfuerzos de la ESPE por conseguir sus votos, quieren dejar de rozarse con tanta gente y tener su propio espacio vital en su coche…
- Tipo “Play Station”. A hora punta cuesta verles, yo me les he encontrado a deshora, o quizá la sacan cuando el vagón está más vacío. Yo creo que son los mismos que cuando el vagón está lleno juegan con el móvil...
- Los que llevan un portátil abierto de par en par mostrando su poderío tecnológico. Claramente perdidos y desubicados en un mundo que no es el suyo y a los que también se les estropeó el coche esa mañana.
- Los dormidos, tanto a la ida como a la vuelta. (mejor no molestarles, pobrecillos bastante tienen con lo que tienen…)
- Los que miran a las pantallas de televisión instaladas en los metros esperando a que empiece la peli. (jajaja…) Éstos, ¡estos no han cogido el metro en su vida! porque sabrían que no sirven para nada, es más, que nunca han funcionado y eso lo sabe hasta el que abre el periódico pensando que a primera hora puede extender sus brazos a su antojo…
Se que me dejo en el tintero un sin fin de pasajeros con sus propios tics (los compañeros que ponen verde al jefe, las vecinas que hacen lo propio de otras vecinas, los niños y sus mochilas, los que se aproximan demasiado aprovechando la falta de espacio, los que vienen o se van dirección Barajas con sus maletas…).
En fin, unas pinceladas del metro que hoy en uno de mis recorridos de punta a punta de Madrid para poder ganarme “el pan de cada día” me pareció curioso apuntar. Un pequeño mundo en el que cada cual tiene su parcelita de intimidad y eso está muy bien, hay que respetarlo y aceptarlo. Hay tantas maneras de viajar como de vivir y yo sólo os pediría una cosa, que ya huelen demasiado mal tantas y tantas cosas como para descuidar nuestra higiene personal. No olvidéis ducharos todas las mañanas que eso si que dice mucho, muchísimo de quién tenéis al lado.




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