Una obra que podemos
contemplar en el Museo del Prado de Madrid, que sigue sorprendiéndonos y
que no deja indiferente a nadie. Una peculiar visión moralista que
habla del destino final del hombre y sus consecuencias, con una estética
rompedora para la época.
Hieronymus Bosch, fue el seudónimo que utilizó el pintor flamenco Jeroen van Aken, natal de una ciudad cercana a Amberes, S-Hertogenbosch, y de la que deriva el nombre de Bosch, más concretamente de su última sílaba.
Sus primeras obras datan desde 1475 a 1480 y
entre las que encontramos “Los siete pecados capitales”. Una obra de la
que podemos disfrutar en el Museo del Prado de Madrid y que no deja
indiferente a nadie.
Lo primero que nos llama la atención es que
se trata de una obra pictórica que debemos rodear para poder contemplar
las diferentes imágenes que en ella se representan.
En el centro, rodeado de rayos luminosos se
encuentra Cristo, vigilando todas y cada una de las escenas que se
encuentran en torno a él. En el centro de lo que podríamos comparar con
la pupila de un ojo humano.
Y Cristo a traves de esa pupila vigila las
escenas que describen los siete pecados capitales (lujuria, gula,
avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia) en forma de vida cotidiana
constituyendo de esta manera una serie de alegorías.
Así mismo, observamos cuatro esferas en los
ángulos que representan a la Muerte(superiror izquierda), el Juicio
(superior derecha), el Infierno (inferior izquierda) y el Paraíso
(inferior derecha).
Un contenido claramente moral, si
relacionamos el tema del pecado y el destino último del hombre, (la
muerte) y sus posibles consecuencias (Infierno o Paraíso).
En definitiva una delicia contemplativa.
Fdo. Beatriz Burgos

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